miércoles, 1 de junio de 2011

Sonata Invernal de Amor Capítulo I: Comienzos

"No sé desde cuándo es que comencé a amarle. Si fue después de mi concierto o tal vez desde aquel día en que nuestros destinos se cruzaron frente a la fuente del parque Mikyozan."
Me llamo Itake, Akihabara Itake, y sí, soy un aprendiz de violinista. He estado yendo a un conservatorio desde que tengo memoria, porque a mis padres les encantaba, no, yo creo que adoraban la música clásica; sobre todo la tonada del Violín que, por casualidades de la vida, tengo en mis manos: Un Stradivarius.
Mi madre es una Violinista profesional; pero mi padre es pianista. Ellos dos se conocieron en una orquesta donde participaron juntos. Después de los aplausos y el telón, <<fue como amor a primera vista>>, según lo que Mamá decía. Ah, perdónenme, olvidaba sus nombres: Mamá se llama Sou, Akihabara Sou; y él, Akihabara Satoru.
Yo en este momento tengo 17 años, pero en unos meses más cumpliré 18. Planeo ir a la Universidad de Tokio a estudiar música. Sí, a mí también me encanta la música clásica –al menos mezclada con Metal y un poco de Rock- , y al decir verdad, la influencia de mis padres realmente me hizo amarla…
Y si se lo preguntan también, si, también voy a mi último año de preparatoria. Mis mejores amigos piensan que soy un poco excéntrico, pero también comparten mis gustos…
Es invierno en la ciudad de Kikuoka, lugar donde yo nací y crecí, es un lugar apacible y tranquilo donde se ven, a mí parecer, los inviernos más hermosos de todo Japón. Era como el quinto o sexto día más helado de toda esta estación y de todo el año, y mis padres, como de costumbre, van de viaje durante varios días por sus espectáculos. A mí en lo personal no me molesta el hecho de que ellos viajen, es más, me da más tiempo para mí. Decidí ir de compras al mercado que está cerca del parque Mikyozan; un bellísimo parque lleno de árboles y flores coloridas, lo que lo hace muy romántico a mi parecer; a comprar una de mis comidas favoritas durante esta época: Un gran tazón de Shiruko Negro, especial de esta ciudad……….Todo era como siempre, las mañanas siempre iguales en las calles, pero cuando llegué al parque, algo me pareció distinto. Miré a todos lados del parque…Nada, solo una persona más estaba en el parque en ese momento aparte de mí, y era justamente lo que me pareció distinto. Era un extranjero, lo supe por sus ojos color de cristal y su cabello color rubio platino; un rostro que sería digno de amar y respetar por cuanta persona le conozca; pero algo en él me hizo sentir un escalofrío dentro de mí. Él estaba del otro lado del parque, cuando de pronto lo veo caminar hacia donde yo me encontraba, entonces mi corazón comenzó a acelerar como si presintiera algo que, para bien o para mal, cambiaría mi vida.

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